Our Authors

ver todo

Articles by Arthur Jackson

Bendito arrepentimiento

«QUEBRADO» era el apodo de Gerardo, e incluso lo había grabado en la matrícula de su coche. Aunque no tenía un sentido espiritual, encajaba con este apostador, adúltero y engañador de mediana edad. Estaba quebrado, emocional y financieramente, y lejos de Dios. Sin embargo, todo eso cambió una noche cuando el Espíritu de Dios lo convenció de pecado. Esa noche, confesó pecados que pensó que se llevaría a la tumba y aceptó el perdón de Jesús. Durante los próximos 30 años, el hombre que no creía que llegaría a los 40 vivió y sirvió a Dios como un creyente en Jesús. Cambió sus matrículas de «QUEBRADO» a «ARREPENTIDO».

Rescate en aguas profundas

En agosto de 2021, las precipitaciones triplicaron lo pronosticado en una ciudad de Tennessee. Como resultado, 20 personas murieron y cientos de casas fueron destruidas. De no haber sido por la compasión y la destreza del piloto de helicópteros Joel Boyers, la pérdida de vidas humanas habría sido mayor.

Una casa sin divisiones

El 16 de junio de 1858, Abraham Lincoln, el entonces nominado candidato para el Senado de Estados Unidos, dio su famoso discurso «La casa dividida», donde señalaba las tensiones entre diversas facciones con respecto a la esclavitud. Lincoln consideró importante usar la figura retórica de la «casa dividida» que empleó Jesús en Mateo 12:25, porque era bien conocida y expresada con sencillez. Usó esa metáfora «para que sacudiera la mente de la gente a fin de que despertara al peligro del momento».

¡Solo pide!

Los gritos de alegría que subían del sótano eran de mi esposa Shirley. Había luchado con un proyecto de un boletín informativo durante horas y quería terminarlo. Ansiosa e indecisa sobre cómo avanzar, oró a Dios por ayuda. También contactó a amigos en Facebook; y poco después, el trabajo estuvo listo… un esfuerzo de equipo.

Él conoce mi corazón

Después de que un cliente completó su transacción en una estación de autopago, me dirigí hacia allí y empecé a escanear mis productos. En forma inesperada, una persona visiblemente enojada me confrontó. No me había dado cuenta de que, en realidad, le tocaba el turno a ella. Al reconocer mi error, le dije con sinceridad: «Lo lamento». Me respondió (aunque con otras palabras más intensas): «¡No, no lo lamentas!».

Momentos oscuros, oraciones intensas

«Tuve un momento oscuro». Estas cuatro palabras reflejan la agonía interna de una célebre artista durante la pandemia de COVID-19. Adaptarse a la nueva normalidad fue un gran desafío. En su confusión, reconoció que había luchado con la idea de suicidarse. Salir de su espiral descendente incluyó contarle de su lucha a una amiga que se interesaba por ella.

Confortado en la casa de Simón

Mi viaje a la casa de Simón fue inolvidable. Bajo un cielo estrellado en Nyahururu, Kenia, fuimos a cenar a su modesto hogar. El piso de tierra y la luz de lámparas reflejaban los recursos limitados de Simón. Cuál fue el menú no lo recuerdo. Lo que no puedo olvidar fue la alegría de él de que fuéramos sus invitados. Su bondadosa hospitalidad era como la de Jesús: generosa, conmovedora y refrescante.

Sentirse polvoriento

Cuando Guillermo mencionó en nuestra reunión semanal de ministerio que «se sentía polvoriento», percibí que se refería a los desafíos físicos relacionados con la edad y la mala salud. Para él y su esposa, 2020 incluyó visitas a médicos, cirugías y adaptación de su casa para internación domiciliaria. Estaban del otro lado del clímax de la vida y lo sentían.

Manos seguras

Como al desenredar una soga, los hilos de la vida de Doug Merkey se cortaban uno tras otro. «Mi madre había perdido su batalla contra el cáncer; un largo noviazgo estaba fracasando; mis finanzas disminuían; mi vocación era incierta […]. La oscuridad emocional y espiritual alrededor y dentro de mí era profunda, debilitante y aparentemente impenetrable», escribió el pastor y escultor. Esta combinación de eventos, sumada a vivir en un ático estrecho, se convirtió en el escenario de donde surgió su escultura The Hiding Place [El refugio]. Muestra las manos fuertes y con cicatrices de Cristo, juntas y abiertas en forma de copa, como un lugar seguro.

Resolución oportuna

El dolor sin resolver había persistido entre Simón y Gerardo durante años, y los intentos de Simón de restaurar la relación habían encontrado resistencia. Después de enterarse de la muerte de la madre de Gerardo, Simón asistió al funeral. Más tarde, reflexionó sobre su encuentro: «No tenía ninguna expectativa sobre cómo saldrían las cosas, [pero] después del funeral, tuvimos una conversación provechosa. Nos abrazamos, oramos juntos y planeamos volver a encontrarnos». Si tan solo Simón y Gerardo hubieran podido reconciliarse antes, se habrían evitado mucho dolor.